Maduresa

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80% Monastrell, 10% Cariñena, 10% Mandó

🇪🇸 Valencia

 

Un vino grande con mucha esencia y profundidad.

SKU: 000511 Categoría: Tipo de vino:

Nombre: Maduresa

Tipo de Vino: Vino Tinto

Bodega: Celler del Roure

Variedad: 80% Monastrell, 10% Cariñena, 10% Mandó

Añada: 2019

Volumen: 75 cl

Alcohol: 13,5° %

Denominación: Valencia

Servicio: 16° C

Alérgenos: Contiene sulfitos

Vista: Color cereza picota intenso. Limpio y brillante.

Aroma: Aroma de buena intensidad, de fruta roja bien madura, con delicadas y cremosas notas de su crianza en madera y con un toque mineral.


Puntuación de cata:

94 puntos Parker.
92 puntos Guia Peñin.

Temperatura de consumo: 16° C.

Boca: Fresco, frutal, equilibrado, potente, concentrado, con taninos grasos bien fundidos y un agradable fondo balsámico. Largo.

Maridaje: Carnes a la brasa, asados, guisos de carnes rojas, quesos curados, charcutería.

Descripción: Viñedos plantados en espaldera (doble cordón royat y lira) a 550 metros sobre el nivel del mar. Abonado orgánico.

Área: 8 hectáreas.
Edad: Viñedos plantados en 1996.
Suelo: Franco-arenoso.
Clima: Continental con influencias mediterráneas.
Rendimiento: 21 hectolitros por hectárea.
Cosecha: Vendimia manual en cajas de 15 kilos con mesa de selección tras el despalillado.
Vinificación: Despalillado parcial y maceración tradicional durante unos 15 días. Fermentación maloláctica en barrica.
Envejecimiento: Aproximadamente 9 meses en fudres de 5.000 litros y barricas de roble francés de 225 y 500 litros nuevas y usadas hasta seis años.

Maduresa (madurez en valenciano) nació en el año 2000 para ser el gran vino clásico de guarda de Celler del Roure. Desde entonces, ha evolucionado hasta hoy en día con un coupage conformado por Monastrell, Cariñena y Mandó, variedades que aportan una rusticidad elegante y mediterránea. En los últimos años se han introducido ciertos cambios en los parámetros de elaboración para controlar mejor su potencia y buscar mayor fluidez, frescor, finura y elegancia. 

I

bodega inició en 2009 una línea de investigación sobre el posible uso para crianza de unas tinajas de barro enterradas que permanecían “dormidas” en su “bodega fonda”, una espectacular galería subterránea excavada hace más de trescientos años que alberga 97 tinajas de capacidades comprendidas entre los 600 y los 2.800 litros. Si se tiene la oportunidad de visitar, es una auténtica maravilla ese pasaje subterráneo que a cada lado tiene sembrados los huecos de las tinajas tapados con losas de piedra.

La innovación les ha llevado en este caso a recuperar una tradición milenaria. En muchas zonas vitícolas del Mediterráneo el barro y el vino han permanecido unidos durante más de dos mil años (concretamente en la comarca de Moixent desde el siglo IV a.C. hasta los años 30 del siglo XX).

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